Requiem por España

      Ayer fue un día especialmente triste para España. Un día histórico, de los que traerán gravísimas consecuencias, aunque con el tiempo ni recordemos la fecha. Da vértigo pensarlo. Ayer, el miedo venció a la verdad, la bondad, la belleza. Es hipócrita quejarse, somos responsables de nuestras decisiones. Fuimos nosotros quienes votamos a esas personas débiles moralmente. Su compromiso con la moral nos dio igual, no lo tuvimos en cuenta a la hora de votar. Fue un adorno, un disfraz. Solamente les pedíamos que fueran eficaces en la gestión de la economía, resolviendo el desastre provocado por los anteriores. Y parece que lo están cumpliendo, ¿tenemos derecho a quejarnos si su defensa de la vida está condicionada? Los españoles tenemos los gobernantes que merecemos porque hoy somos tibios moralmente, alérgicos al compromiso con aspectos que no se negocian, nunca. Preferimos caer bien, no herir sensibilidades, que comprometernos con principios intocables. Hoy todo es negociable, con tal de que no nos enfademos. Es una actitud generalizada, en las relaciones individuales y, por tanto, en toda la sociedad y en la política. Negociamos con la moralidad, buscando el punto cómodo, de mayor consenso. “Robar es malo… pero hay casos en que…”; “matar es malo, pero hay circunstancias en que…”, “mentir es feo, pero a veces sucede que…”, “drogarse es malo, pero probar un poquito…”, “odiar es malo, pero insultar alguna vez…”, “la familia es importante, pero es que en mi caso…”, “respetar la Ley de Dios está bien, pero sin exageraciones”, etc. Gracias a nuestra debilidad moral, volverán a gobernar los mismos de ahora, si cumplen su proyecto económico. Saben perfectamente que los errores morales no les van a quitar demasiados votos. Tan solo, tendrán en contra alguna manifestación y algunos artículos como éste, que caerán en saco roto. Si no alcanzaran la recuperación económica anhelada por todos, volveremos a votar a los de antes: los que sí se comprometen con principios que no disimulan y que plasman en nuestra legislación y en nuestras conciencias, en las de nuestros hijos, sin que nada ni nadie les frene. La economía pasará a un segundo plano, porque ellos gobiernan para cumplir un programa ideológico, punto por punto. Ahí tenemos toda la herencia, implantada a rajatabla según lo anunciaron en los diferentes períodos en que gobernaron: divorcio, aborto, matrimonio homosexual, educación para la ciudadanía, ley de rencor histórico, etc. Cumplieron todo lo que anunciaron y cumplirán lo que anuncien en el terreno moral. Lo siguiente es la eutanasia, tengamos paciencia y lo veremos. Nos parecerá una aberración al principio, pero acabaremos justificándolo, a base de pactar poquito a poquito. Nos acostumbraremos a ello, nos resignaremos, gritaremos nuestras quejas al viento. Tenemos los gobernantes y las leyes que merecemos. Nosotros los hemos votado. Descansemos en paz.

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