¿El tamaño importa?

Hace unos días, hablé con Benedicto XVI, en Roma. Me dijo algo que espero sirva a quien ahora lo lea: “el + pequeño es el + poderoso.” Una pista sencilla para seguir en el año de la fe. A Dios le gustan los pequeños y a ellos confía las grandes misiones. A los pequeños da su eficacia…”y a los ricos los despide vacíos.” La colección de pequeñitos poderosos en el ejército de Dios, es enorme. Moisés es pequeño y tímido. El faraón es grande e imponente. David es pequeño y tiene un tirachinas. Goliat es un gigantón. María es pequeña, mínima. La amenaza para una madre soltera es la muerte. José es minúsculo y tiene miedo. Los soldados de Herodes cumplen la orden de ejecutar a todos los niños. Cinco panes y dos peces son poca comida para una multitud hambrienta. Pero se fueron saciados. La barca de Pedro es pequeña. Las olas amenazan con hundirla. Los apóstoles son pequeños. La misión que reciben tiene dimensión mundial. Pequeña es Teresa de Jesús, Teresa de Calcuta, Faustina Kowalska… Pequeño es ese actor de teatro, ese obrero polaco encerrado en los grandes muros del comunismo. Y acaba siendo Papa, predicando el amor de Dios donde antes se predicaba el odio. La lista de pequeños apóstoles, de eficacia infinita, es grande.

Dios se apoyó en cada uno de esos minúsculos servidores, para realizar su obra. Y todo aquello que parecía inmenso, invencible, insuperable y poderoso… cayó por tierra, reducido a polvo, para diversión de los historiadores y para esperanza de los cristianos.

Cayeron el faraón, Goliat y Herodes. Cayeron sus armas, dejaron de oírse sus amenazas. Cesó el hambre y la tormenta. La sangre de los mártires fue semilla de nuevos cristianos, mientras el imperio indestructible quedaba reducido a piedras, grandes piedras. Y sobre todo, cayó la mayor amenaza de todas las imaginables: todos los pecados, cualquier pecado, incluyendo los de aspecto más terrible, los de apariencia insuperable, cayeron y se evaporaron por la mirada misericordiosa de Dios sobre nosotros, sus hijos. Lo que a cada uno de nosotros nos parece una batalla perdida, una guerra imposible de vencer… se transforma en victoria, por muy grande que sean nuestras heridas.

En este Año de la Fe, vamos a ver cómo lo pequeño vence a lo grande. Toda la estrategia consiste en ceder el poder al grande, al Todopoderoso, reduciéndonos nosotros a nuestro tamaño original y auténtico, que es pequeño. ¿Parecen grandes mi tentaciones, mis pecados? Más grande es la Misericordia de Dios. ¿Son inmensas las dificultades externas? Un soplo de Dios hará que se evaporen. ¡Uy, uy, uy… qué grande es el miedo que me domina! Mayor es la fortaleza que el Espíritu Santo me va a regalar, gratis. La clave: “Señor, no puedo, soy pequeño, hazlo Tú.”

Pequeño es Jesús en el vientre de María, en Belén, en Egipto. Y más pequeño se hace aún, para lavar unos pies sucios. Pequeño es cuando se somete al escupitajo, al puñetazo, al insulto, al látigo. Pequeño es en la Cruz, donde su cuerpo queda reducido a nada. Pequeño es un trozo de pan, un poco de agua y de vino. Todo en Jesús es pequeño, frágil, débil, humilde, sencillo.

Mirémonos al espejo y descubramos dónde nos vemos grandes y fuertes. Es ahí donde hemos de iniciar la dieta para adelgazar, si queremos que Dios venza en nosotros, con nosotros, a través de nosotros. Es la lógica de Dios, frente a la lógica del mundo. “El más pequeño es el más poderoso.”

6 thoughts on “¿El tamaño importa?

  1. Que maravilla, palpar el poder de Dios en su sencillez en su pequeñez, diciéndonos a nosotros que aún siendo barro podemos lograr tanto en nombre del que lo puede todo

  2. Te felicito, sin duda te iluminó el Espíritu Santo. Seguí adelante que nada ni nadie te detenga (de este mundo). Bendiciones.

  3. Gracias no hay duda que el SEÑOR sigue actuando en lo simple espero que me siga llegando toda esta riqueza miles de bendiciones de la MADRE del SEÑOR

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